MIEDO A AMAR CUANDO SE HA SUFRIDO
Cuando amamos desde el apego, sufrimos y perdemos. Se pierde tiempo de vida, anhelos, sueños, algunos pierden dinero o estabilidad emocional y, estas pérdidas, dejan huellas y heridas profundas que llevan a muchos a tomar decisiones desde el miedo, el miedo a volver a sufrir.
De ahí que, iniciar una nueva relación, aunque exista el fuerte deseo de volverse a enamorar, se convierte en un desafío que pocos logran superar. El miedo lleva a las personas a crear escudos para protegerse y se especializan en la defensa, así que todo el tiempo están a la defensiva, esta postura empeora la situación. Quien se previene, solo puede ver a través de los ojos de su pasado, la persona que tiene en frente, no es observada desde la dimensión real y presente, de esta manera, es casi imposible entregarse a una nueva experiencia afectiva, a una nueva relación que le permita disfrutar y aprender.
Si bien, la madurez te permite tener la claridad de aquello que deseas, aquello que te genera dolor o lo que no estás dispuesto a ceder, trae consigo también, miedos que, de no ser superados, se convierten en barreras imposibles de pasar, tanto para quien quiera llegar a tu corazón, como para entregar tus sentimientos genuinamente.
Es en ese momento, donde comienzan las negociaciones afectivas, se disponen ambos, desde el miedo, a expresar lo que no están dispuestos a ceder, para no sufrir, y si tienen una buena comunicación, quizás logren acuerdos interesantes que les permitan vivir la experiencia de aprender en pareja, sin embargo, si no han resuelto su dolor emocional oculto, tarde que temprano, cualquier contrato emocional será anulado, sumándole más heridas a las que ya se traían del pasado.
Toda relación afectiva trae implícita una cuota de aprendizaje, así que, mientras cargues con pesados escudos, que te impiden una entrega genuina en el amor, heridas sin sanar que no te dejan ver, desde la realidad, a la persona que tienes en frente, sumarás frustración, impotencia, soledad y bloqueos a tu vida.
Cuando logras el conocimiento profundo de ti mismo, y te decides a confrontar tus miedos y heridas del ayer, comprederás que tú no eres el mismo de aquella época, no piensas igual, no sientes igual, ¡has cambiado! y, por consiguiente, tus experiencias del hoy no serán iguales a las que viviste en tu pasado. Hacerlo, te dará el valor para iniciar una nueva aventura afectiva, donde el disfrute, el aprendiaje, la evolución y los sueños puedan fluir desde la consciencia.
Tomar consciencia, es el camino.







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